28
Abr
2015

¿Selfies en los museos? Sus pros y sus contras

Llevo varias semanas dándole vueltas a lo que creo la gran mayoría de las personas le ven sólo ventajas: hacerse selfies en los museos. Con motivo de la MuseumWeek 2015, celebrada la última semana de marzo, y el día #poseMW -que, por cierto, tuvo su homónimo con #selfieMW del mismo evento tuitero en 2014- volví  a hacerme la pregunta: ¿esto no es banalizar el arte? ¿qué aporta?

Para ser justos y para no comenzar volcando la balanza hacia uno u otro lado -a pesar de que tengo un clara tendencia-, voy a hablar de los aspectos tanto positivos como negativos del famoso “selfie” en los museos.

Comienzo por los contras, y no hablo sobre si el motivo pudiera ser el poner en riesgo la integridad de la obra de arte, de eso, ya se han dado cuenta muchos museos empezando por los estadounidenses o australianos hasta legar a los museos del triángulo de arte prohibiendo el famoso palo de selfie.  Y es que la mayor desventaja bajo mi punto de vista es que rompe por completo la experiencia estética de la visita. Tachadme de romántica pero creo que cuando vamos a un museo o sala de arte, nuestra actitud es contemplativa, de disfrute, de estímulo, una energía que se rompe cuando ves a algún visitante ponerse guapo/a para un selfie, como si aquello que deba reflexionar sobre el cuadro o lo que el artista le quería transmitir, le importase lo más mínimo sin antes primero retratarse para sus amigos, algo social que no personal, para “compartirlo”. La hipervisibilidad ante todo aunque no sepamos hacia donde va.

En honor a la verdad, ver una exposición adecuadamente, en determinados días y según qué exposición, es una odisea, ya que la cantidad de gente delante de una obra lo hace del todo imposible. Pero si ya haciendo “cola” para ver una determinada pieza resulta del todo pesado, imaginaros si el selfie se volviese en pocos años un hábito habitual en los museos. Un tema que, sin duda, deberían plantearse también los museos a la hora de regular más el flujo de visitantes que acceden a las salas.

Si en algunos centros fue un lucha conseguir que se pudieran hacer fotografías (muy curioso el caso del Museo de Orsay), parece que “coartar” la libertad del visitante prohibiendo el selfie es un sinsentido. Sin embargo, algunos grandes museos como el Museo del Prado prohiben sacar ningún tipo de instantánea en sus salas aunque, todo deba ser dicho, se deba al beneficio que sacan con la venta de las imágenes en libros y merchandising.

Me gustaría dejar claro que entiendo que los selfies acercan a los visitantes las obras de arte, las hacen más cercanas, con un “aura” menos infranqueable pero puede ser un arma de doble filo, baste ver los lamentables casos de selfies en museos de Beyoncé o Shakira. Si vas a compartir un pensamiento o alguna inquietud, es más que loable, pero una imagen como al que le da igual el fondo, tanto le vale detrás un paisaje que una obra de arte mientras salga su “ego virtual”. ¿Hay algún tipo de pedagogía detrás? ¿Más bien no será el cuadro por el cuadro? Un ejemplo de cómo las nuevas tecnologías traen consigo algunos contras, como la reducción de mundo del objeto a lo virtual. Y tomando prestadas estas palabras de Rosa Olivares, de como a veces: “una población que tanto avanza en el uso de nuevas herramientas tanto retrocede en la comprensión de sus actos”. La tecnología es un gran avance, no planteo el dejar de usarla pero, el cómo lo hacemos, es el quid de la cuestión.

beyonce-louvre-selfie

selfie_shakira_pique_louvreLlevando el debate a un tono más extremo, el selfie en los museos también puede ser entendido como irreverente. Me permito trasladar aquí estas palabras de Francisco Calvo Serraller que, aunque demasiado tajante en su postura, dice esto: “En la medida en que la foto pasa a la esfera pública, influye en la percepción pública”. Véase el caso de la imagen en la parte inferior. ¿Un vaticinio o una pura especulación?

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Pasando a hablar de los beneficios de los selfies en los museos, ya he apuntado antes que, el fundamental es acercar a los visitantes las obras de arte, hacerles partícipes, que “interactúen con ella”. Por supuesto, el visitante tiene que sentirse parte del museo, un patrimonio que también le pertenece. Bartolomeu Marí, ya exdirector del MACBA, decía que lo veía positivo ya que rompía la rigidez del público ante las obras de arte, ya que, formar parte de la obra hace que nos identifiquemos con ella.

Quizás una buena solución sea disfrutar de la visita y, tras la misma, tomar fotografías, y tras salir del museo o en un descanso, compartirlas. Ese es el consejo final del post “Entre selfies anda el juego” escrito por Aitziber Urtasun. Otra percepción la aportaba Rosa Olivares en su artículo de opinión en Exit-Express, retrotrayéndose a la historia del selfie, que no es otra que la popularización del uso de la fotografía y del tradicional autorretrato, tan habitual en la historia del arte.

Otro factor fundamental a favor del selfie es que puede transmitir de una manera exponencialmente más rápida que antaño las colecciones que “atesoran” los museos, los mensajes de las obras, a personas que, por ejemplo, no podrían verlas de otro modo (por ubicación geográfica, por desconocimiento, etc).

MuseumSelfie museumweek

Una opción equilibrada, sin cohibir libertades ni en uno ni en otro sentido, podría ser la que sugiere Peter Bazalgette, presidente del Arts Council del Reino Unido: ¿Y si se decretasen horas libres de selfies en las museos? Sirva como curiosidad y confirmación del avance de este nuevo hábito en los museos que ya existe un museo dedicado al arte del selfie en Filipinas.

arte-selfie

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3 Responses

  1. Muy buen post, muy interesante. Me leí también el de Aitziber que citas y el de Rosa Olivares. Soy muy crítica también con el uso que se haga del selfie en las exposiciones y museos, por eso me parece acertado traer al caso el tema del aura. Me da la sensación de que vamos a tener que releer de nuevo el capital ensayo de Walter Benjamin, porque de alguna manera estamos así…

  2. Beatriz

    El aura del que hablas y la contemplación estética de las obras es lo que predomina en el imaginario colectivo y lo que está “matando” por así decir a los museos. Esa concepción es del siglo XIX y principios del XX. Las nuevas tecnologías son una realidad y no hay que obviarlas. Hay que adaptarlas porque la gente siente la necesidad desde hace décadas de sentirse identificado, de participar en la construcción de saberes y esa noción les aleja. También es cierto que estos famosos no les importa nada el arte y simplemente van “porque hay que ir” y se hacen un selfie porque es lo que está de moda. Es todo muy banal. No obstante, lo que hay que hacer es educar y concienciar a la gente de usar estos métodos de forma responsable y educada. No es algo tan horrible.

  3. Muy bueno tu artículo. Visité el varios museos europeos, entre ellos El Prado y Reina Sofía, alrededor de los años 2005 al 2008 cuando los teléfonos móviles no tenían cámara y la palabra selfie no existía. Tomé fotos de muchas obra de arte (sólo donde estaba permitido y sin flash) y pedí que me tomaran fotos posando junto a las obras. Como amante del arte que soy atesoro estas fotografías como algo maravilloso y creo que me hubiera arrepentido mucho si no lo hubiera hecho. Esa es mi experiencia y creo que coincide un poco con el comentario anterior de Beatriz de que la gente quiere sentirse identificado y participar. ¿Cómo no tomarle una foto a un cuadro tan imponente e impresionante como la Coronación de Napoleón de J L David en el Louvre? Actualmente con la popularización de los móviles con cámara y las redes sociales imagino que es un poco más caótico poner orden a toda la gente que desea fotografiarse sin saber ni quien es el autor de la misma. Pienso que hay que poner algunas normas pero en general considero que debería dejarse que la gente tome fotos en los museos porque forma parte del disfrute de la experiencia.

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