28
Nov
2016

Museos en la era del marketing digital

Ya estamos todos curados de espanto, inmunizados digamos. Ya no hay adblocker que valga, la publicidad, los mass media, están cada vez más presentes. Es curioso, cada vez que entro en Facebook, una nueva institución artística, llámase centro de arte, museo o galería, ha empezado a hacer sus pinitos en esto de los Social Ads o publicidad en redes sociales. Y es que, el feudo de los gigantes de la comunicación está plenamente instaurado. De nada sirve que Facebook, Twitter o Instagram digan que volverán a primar las noticias entre personas, cuando ahora si no pagas, no existes digitalmente. Y, si hablamos de que en 49% de la población española está en redes sociales, mal vamos si queremos darnos a conocer sin ánimo de lucro, ¿no?

Es sintomático que hasta los propios artistas, lo más precarios en todo este engranaje o sistema de producción, también hayan tenido que ponerse las pilas para subsistir y hasta que cursos titulados “Marketing para artistas emergentes” estén a la orden del día. Sin duda, el conocido estratega del arte Damiel Hirst tendría mucho que decir al respecto…

Hasta aquí, nos guste o no, son las nuevas reglas del juego. Sin embargo, me resulta triste que el mismo medio sirva para todos los fines. Me explico, ¿qué pinta un museo promocionando el #BlackFriday? , ¿acaso ahora todos jugamos a Pokemón Go sin importarnos el espacio en el que nos hallamos? Parece que toda excusa, cuanto más globalizada, mejor se acomoda a nuestros objetivos. No digo que no haya que beber de lo que suceda a nuestro alrededor, sólo digo que hay que saber adaptarlo a nuestro terreno, a nuestro público, ofreciendo un nuevo punto de vista, buscando ejercitar el espíritu crítico como ciudadanos, ¿no?

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Snapchat del Metropolitan Museum of Art, NY

Hablemos también, por qué no, de otros de los tópicos de moda, los influencers. Un influencer no es más ni menos que lo que antaño era un experto en la materia, una persona con un conocimiento contrastado. Ahora es, muy resumido, una persona a la que le acompañan los números en forma de followers. Cierto es que tal número viene precedido de una credibilidad, de un trabajo detrás, pero no siempre es así. Todavía sigo preguntándome qué ha hecho el tal Rubius para ser el youtuber número 1 en España. La verdad, no tengo buen sabor de boca cuando outsiders del mundo del arte hacen su incursión en museos. No hace falta echar mucho la vista atrás para recordar la escenita en pleno Museo Thyssen que provocó el youtuber conocido como Fortfast WTF. Una jugada que bien puede resumirse en las palabras que Javier González Panizo le dedicó en El Estado Mental:

“Quizá la acción, con todo, nos ha pillado a todos con el pie cambiado debido a lo desacostumbrado que estamos a que en estos eventos ocurra algo más que una cacofonía de tuits que poco o nada tienen que ver con algo parecido a una comunicación.”

Captura del vídeo de Fortfast WTF transmitido en directo a través de la aplicación Periscope y reproducido por Ok diario.

Captura del vídeo de Fortfast WTF transmitido en directo a través de la aplicación Periscope y reproducido por Ok diario

Por el contrario, puedo decir que estas aberraciones no las cometen los influencers nativos del mundo del arte, es decir, dícese de aquellos gestores culturales nacidos en la era de las redes sociales, con cosas que decir, con reglas que romper en la comunicación antaño caduca de las instituciones culturales. Una figura que, honestamente, se tiende a minusvalorar en las grandes esferas, en vez de comprender que hablan el lenguaje y tienen las inquietudes de ese nuevo público, millennials aparte, al que se debería querer llegar por parte de los directores de museos.

A buen seguro encontraré voces discrepantes a mi juicio pero, sigo sin entender otro acercamiento al arte sin el que prime la sensibilidad, la ausencia de prejuicios y, sobre todo, una enorme curiosidad y ganas de conocer.

 

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