2
Nov
2015

Las historias detrás de la historia

No deberíamos cansarnos de recordar nuestra historia, por mi incómoda que ésta suela ser. Tampoco deberíamos alimentar una memoria colectiva sesgada, unilateral -o mejor dicho de antagonismos-. Y, sobre todo, siempre tomando un buen soplo de aire fresco gracias a disciplinas para algunos sectores erróneamente consideradas como superfluas: el arte. “El arte vence al miedo”, así escribía el ahora director del MACBA, al presidente del Congreso de los Diputados solicitando el escaneo de las balas de Tejero para una escultura de Fernando Sánchez Castillo, artista al que dedicaré estas líneas. Porque en una sociedad en la que el poder de generar espíritu crítico es considerado como molesto, el poner de frente al espectador un nuevo prisma de la realidad sería uno de las misiones, por qué no decirlo, del artista contemporáneo.

Sánchez Castillo lo tiene claro. Visitar la réplica del salón de su casa, que se ha instalado en la Planta 3 del Centro de Arte Dos de Mayo con motivo de su exposición, es percibir y empezar a comprender qué se trae entre manos este artista, que bien podríamos también considerar activista. Una mezcolanza de objetos variopintos, objetos a los que se les ha alterado su forma pero nunca su historia, historias que hablan del abuso de poder, del uso del arte para apoyar egos y sinrazones, de lo fútil de la violencia; todo ello, con una lectura mordaz y cargado de esa ironía que gusta de encontrar un espectador demandante.

No sorprende el saber que Sánchez Castillo es uno de esos coleccionistas peculiares que busca entre los lotes de subastas objetos muy específicos, como por ejemplo, un pequeño trozo de periódico del croquis del atentado de Carrero Blanco. Precisamente, una de sus obras más conocidas es la réplica a pequeña escala y brillante plata, del coche donde no sólo falleció este almirante sino también el conductor y un inspector de policía, personas anónimas a las que parece, como siempre, la historia olvida si es que el número de fallecidos no es contante y sonante. Para esta exposición que acaba de inaugurarse en Móstoles, Sánchez Castillo presenta también obra nueva, como una réplica del hueco del túnel que hicieron los terroristas para instalar el explosivo para perpetrar el atentado, aquí convertido en un monumento en recuerdo a una violencia que, en realidad, lo que quiere es hablarnos de la inutilidad de la barbarie.

Pero, sin duda, a lo que el espectador prestará más atención, precisamente porque las heridas son todavía muy recientes en nuestro país, es el elenco de obras que nos habla de la figura que se entretejió alrededor de Franco en vida, y más si cabe, tras muerto. Y es verdad que Sánchez Castillo parece pecar de reticente en este tema, ya en la entrevista de Bea Espejo para El Cultural se incide en ello pero, es que, ¿no sorprende todavía el revuelo social que causa y, sobre todo, la cerrazón ante la información, de determinados colectivos? Y sí, hablemos de Franco, pero con humor, el reflejo de la verdadera inteligencia. ¿Cómo os quedáis al saber que se conservan dos cejas del llamado generalísimo? En un vídeo de investigación realizado por el artista con motivo de la máscara mortuoria realizada al dictador tras morir, se descubren éste y más detalles insólitos, pitonisa incluida, que nos hablan de esa otra España, la que se quiere olvidar.

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Pero volvamos a unas de las “series” más conocidas del artista de Móstoles, las dedicadas a recuperar la memoria colectiva de cómo se protegió nuestro patrimonio artístico durante la guerra civil española. Me permito recordar este post que le dediqué en relación a la que es la primera campaña de preservación de nuestra identidad nacional.

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Y hablando también de monumentos pero en cuanto al uso que de este género se ha hecho en la Historia del Arte, ha estado ligado en muchos momentos a idealizar figuras políticas, a despertar sumisión y miedo, a “domesticar” a la masa… Pues bien, “Tank man”, una enorme escultura del héroe anónimo que con sus dos bolsas de plástico en mano paralizó a los tanques que iban a masacrar a los manifestantes en la plaza de Tiananmen (1989), viene a subvertir este significado.

Para terminar con esta breve reseña, con la que espero ayudar a eliminar prejuicios a la hora de releer la historia, me gustaría recalcar la importancia de saber hablar de tú a tú entre las instituciones y su público. De nada vale el lenguaje rimbombante, árido y superfluo que se suele utilizar al hablar de arte contemporáneo por parte de algunos medios e intituciones, debemos incentivar al visitante sí, pero dándole la mano, con textos de sala claros -¡a veces ni los hay!- y con material de mano asequible. Porque el arte contemporáneo es para el disfrute y el conocimiento de tod@s.

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1 Response

  1. Desde luego Marta, los museos y centros de arte deben ser un facilitador para que el público pueda entender y disfrutar, los profesionales de la comunicación cultural debemos hacer que esa narración de acompañamiento, ya sea en sala uno link sea asequible y motivadora, buen artículo, cierto que la historia reciente entraña a veces más incógnitas que la remota y un artista como Castillo puede ayudar a poner la con humor e ironía

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