27
Ene
2016

La trampa que esconde la imagen. Cuestiones sobre la fotografía actual. Joan Fontcuberta

“En contra de lo que nos han inculcado, la fotografía miente siempre”. Con esta aseveración punzante y ciertamente verdadera, Joan Fontcuberta, uno de los fotógrafos más reconocidos a nivel internacional, sentencia el medio expresivo por antonomasia de la era digital. Para suavizarlo, si acaso, digamos que Fontcuberta es un cuentista, sí, pero de los buenos. De esos que buscan generar un espíritu crítico sobre la preponderancia de la imagen en nuestra sociedad sirviéndose de su propia dicotomía. Pues bien, estos días la Sala Canal de Isabel II de Madrid se ha llenado de ironía con sus obras gracias a la exposición que lleva por título Imago, Ergo Sum, comisariada por Sema D´Acosta y que reúne series realizadas por el artista entre 1982 y 2014.

Viendo la imágenes tomadas y retocadas por Fontcuberta de los medios de comunicación para “Deconstructing Osama” u observando con detenimiento el enorme ciudado que ha puesto en la recreación de los objetos personales de ya meritorio astronauta ruso Ivan Istochnikov, nos asaltan miles de dudas sobre la veracidad de las imágenes que nos rodean en nuestro día a día. Si antes nos encontrábamos con algunos recuerdos fotográficos de nuestros antepasados, ahora documentamos nuestra cotidianeidad al exceso, primando el “yo he estado” frente a la experiencia, lo anecdótico frente a aquello que sí hubiera sido merecedor de pasar a los anales de la historia. Miles de millones de fotografías tomadas con nuevas finalidades entre las que no figura la de su antaño mayor característica, la de ser miradas. ¿Qué supone esto a futuro en la creación de nuestro imaginario colectivo? ¿Qué hay de verdad y qué de mentira? ¿Perderemos aquella capacidad de evocación que nos proporcionaba la imagen?

Dejando abierta al lector la reflexión sobre estas cuestiones fundamentales, me permito contaros aquello que esconden algunas de las series realizadas por Fontcuberta y que forman parte de la muestra que hoy me ocupa. Quizás entre sus obras más conocidas se encuentre las pertenecientes al proyecto Sputnik, un comisionado de la Fundación Telefónica. Vamos a decir mentiras, comencemos por una ficción, una quimera, la de un supuesto astronauta cuyo rastro fue misteriosamente borrado de la tierra para no dañar la carrera hacia el espacio de la URSS. Una desternillante historia reforzada con mucho photoshop e imaginación que hasta el mismísimo Iker Jiménez dio por verídica. Una ficción hecha realidad siguiendo el juego iniciado por Fontcuberta.

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Joan Fontcuberta. “Sputnik: Ivan Istochnikov se despide antes de subir a la nave”, 1997

Pero, hablemos de otras obras capaces de cuestionar y parodiar creencias milenarias. En su serie Milagros&Co, Fontcuberta se cuela en el monasterio de Valhamönde, situado en la región de Karelia y donde tenía lugar una curiosa actividad esotérica, la organización de cursos para aprender a hacer milagros. El fotógrafo documenta todo lo que va sucendiendo y devuelve al mundo su experiencia en forma de  fotografías donde se mofa abiertamente de estas prácticas.

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Joan Fontcuberta. “Milagro de la levitación”, 2002

Pero cambiemos de tercio, ¿a qué figuras admira Fontcuberta? Entre sus referentes se encuentra el profesor de escultura Karl Blossfeldt y autor del fotolibro “Urformen der Kunst” (1928), con el que saltó a la fama por su aproximación abstracta a la naturaleza y que supuso todo un revulsivo en su época y para la historia de la fotografía. Fruto del interés de Fontcuberta por esta magna obra surge Herbarium, una serie con la que confiesa empezar todas sus retrospectivas y que tratándose del artista, sabemos que le da una vuelta de tuerca. Así, en esta serie, se sirve de elementos industriales reciclados para crear un corpus de obras en apariencia similares a las de Blossfeldt pero que guardan en sus formas, la antítesis de su trabajo. De nuevo, un cuestionamiento de la forma, la realidad, a través de la lente.

"Herbarium: Cala rasca", 1983

Joan Fontcuberta. “Herbarium: Cala rasca”, 1983. Fotografía: Angels Barcelona

Por último, destaca la maravillosa Colección Trepat, una gran desconocida para muchos y a la que Fontcuberta le ha dedicado el proyecto La Colección Trepat. Vanguardias fotográficas: un caso de estudio“. Josep Trepat fue un magnate industrial catalán que en 1914 creó una industria para la producción de maquinaria agrícola. Fue un hombre cultivado y tuvo buen ojo al encargar a algunos de los grandes maestros de la fotografía internacional la publicidad y la imagen corporativa de su empresa. Así, los artistas Man Ray, Albert Renger-Patzsch, László Moholy Nagy, Alexander Rodchenko, Charles Sheeler y Walker Evans pasaron a engrosar sus filas reflejando los nuevos cánones de la vanguardia en pro de la estética industrial. La belleza de la máquina, de la antinatura que Fontcuberta ha aprovechado también para marcar su impronta. El resultado, un estupendo fotolibro, y es que, no olvidemos, el artista es uno de esos fotógrafos a los que debemos su lucha por este género que afortunadamente cada vez está más de moda en el panorama expositivo.

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Imagen del fotolibro de Joan Fontcuberta: “La Colección Trepat. Vanguardias fotográficas: un caso de estudio“

Como complemento necesario de la exposición, os recomiendo no perderos las dos intervenciones específicas realizadas, y también ocultas, en el Museo Nacional de Antropología (Serie Sirenas) y el Museo Nacional de Ciencias Naturales – CSIC (Serie Fauna). Recordad, disponéis hasta el 27 de marzo.

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