18
Jul
2017

La importancia de Sorolla en la Hispanic Society

Artículo publicado en Un paseo por el Prado de El Mundo

La excepcionalidad e ingente número de piezas atesoradas por el visionario Archer Milton Huntingtonen su afán, conseguido a todas luces, por ofrecer una aproximación lo más certera posible del arte español, portugués y latinoamericano fuera de nuestro país, es abrumadora.

Si bien los neoyorkinos, debido a que la sede de la Hispanic Society ubicada en la mismísima gran manzana se encuentra en proceso de remodelación, no podrán volver a deleitarse con sus fondos hasta el año 2019; nosotros estamos de enhorabuena y ya podemos disfrutar de las 220 piezas, entre pinturas, esculturas, cerámica, joyería, orfebrería, incunables y textiles, que a modo de muestra (entre unos fondos compuestos por 18.000 obras de arte, 250.000 manuscritos y 250 incunables) han viajado a Madrid.

Si tuviera que decantarme por alguna de las piezas que componen esta sublime exposición, a buen seguro mi mente se debatiría entre el delicado torso romano de Diana cazadora, el magnífico ejemplar del Libro de Horas Negro de la Beata María o las sensacionales obras, algunas de ellas restauradas para la ocasión, de Velázquez, El Greco o Zurbarán, tan bien acompañadas unas de otras en la sala dedicada al Siglo de Oro español.

Sin embargo, para esta ocasión, me gustaría detenerme en la parte más contemporánea. Hablo de la sala, ubicada a tan sólo unos metros del conocido claustro de los Jerónimos, dedicada a mostrar lo mejor de la pintura española del siglo XIX y XX. Una panorámica a la estancia ya revela al que, sin duda, es uno de los mayores protagonistas y el principal benefactor de Huntington: Joaquín Sorolla y Bastida.

Su relación con el artista se remonta a la primavera de 1908, el mismo año en que la Hispanic Society abriría sus puertas, cuando ambos coincidieron en una exposición de Sorolla en la Grafton Gallery de Londres. Huntington quedaría fascinado por la luz de su paleta y le propondría una exposición de su obra en la institución para el año siguiente.

La muestra causó furor y se refrendó en un altísimo número de público asistente, nada más y nada menos que 160.000 visitantes, dando la bendición a una relación que les uniría para siempre y cuyo máximo exponente se conserva en la sala en la propia Hispanic Society dedicada a albergar los 14 grandes paneles al óleo titulados Las Regiones de España. Un encargo que sería el más importante de la carrera del valenciano “pintor de la luz” y que tardaría ocho años en terminar quedando a su fin completamente extenuado.

Cabe decir que este menester fue alternado en tiempos con la producción de una inigualable galería de retratos con lo mejor de la élite intelectual de la época realizada en su gran mayoría por la mano del artista y que tenemos la suerte que se hayan traído a nuestro país con motivo de esta exposición. Nombres destacados de la literatura (Pío Baroja, Juan Ramón Jiménez, Benito Pérez Galdós, Antonio Machado, Miguel de Unamuno o Emilia Pardo Bazán, el único retrato femenino por desgracia) y de las artes (Federico de Madrazo, Mariano Fortuny, el propio Sorolla, Ignacio Zuloaga, Ramón de Zubiaurre) componen esta singular serie con las figuras más destacadas de la flor y nata de la España moderna.

Sorolla fallecía en agosto de 1923 sin poder haber cumplido su sueño de ver su mayor obra, Las Regiones de España, instalada en la Hispanic Society como tampoco pudo ver esta excepcional galería de retratos que luce en todo su esplendor y nobleza en las salas de nuestra pinacoteca por antonomasia. Ahí es nada.

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