25
Oct
2017

La fotografía de Lee Friedlander

Artículo publicado en el blog de la Colección de la Fundación Mapfre

“Si pudiera, estaría fuera disparando todo el tiempo. No hay que ir en busca de las fotografías. Sales y las fotografías te están mirando fijamente”, Lee Friedlander.

Nunca deja de sorprenderme cuando visito exposiciones la capacidad de los artistas para trasladar a una fotografía un encuadre maravilloso, sigiloso y único de la mundana realidad. Digamos que, al menos para mí, tienen un ojo exquisito, una habilidad especial para impactarnos y hacernos ver de nuevo, ahora sí con otros ojos, ese prisma fugaz de este nuestro habitual escenario que antes nos había pasado completamente desapercibido.

Aquel que es fotógrafo, lo es desde que nace y en todos los momentos de su vida. Un don que te acompaña, cual amante obsesivo, pero que, cuando se le deja salir a escena, arroja atisbos de verdad allá por donde vaya.

Lee Friedlander es uno de esos fotógrafos, a quien abiertamente podemos calificar como un nombre clave de la historia de la fotografía y el padre de la mirada posmoderna. Desde joven, siempre le ha gustado experimentar, transgredir lo establecido y, este carácter, sin duda, se refleja en todo su corpus artístico con un punto de vista rompedor y novedoso.

Comenzó como fotógrafo freelance por las  calles de Nueva York, y pronto su nombre se asoció al de la fotografía de grandes músicos de jazz como el mítico Miles Davis. Sin embargo, y a pesar de su destreza para captar la esencia de los retratados, ansiaba documentar lo que le rodeaba: la ciudad como el paisaje social contemporáneo.

El hecho de que su nombre formase parte de la exposición “New Documents” (1967) organizada por el MOMA, con la valentía de John Szarkowsk, nos sitúa en los comienzos del conocido como nuevo documentalismo, una manera de retratar la vida desde la naturalidad que también compartían dos de los fotógrafos de referencia de la época: Garry Winogrand y Diane Arbus.

Quizás el rasgo que define y diferencia a la obra de Friedlander reside en su cualidad para hacer de lo banal el protagonista de la escena. El foco ahora lo ocupan elementos cotidianos como el mobiliario urbano o, como en este caso, un interior donde la vista se nos va a una televisión encendida sin espectador alguno aunque éste esté presente cual sombra acechante a través de la cama desecha en el último término.

Esta fotografía forma parte de la conocida serie del artista titulada “The Little Screens”, de la que Fundación MAPFRE posee varias piezas, y que muestra habitaciones vacías de moteles de Estados Unidos que llamaron la atención del legendario Walker Evans, autor de la reseña sobre la exposición publicada en 1963 en la revista Harpers´ Bazaar.

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Mi ojo globalizado ve en esta obra mucho más que lo que Friedlander quiso poner en ella. Evidentemente, es innegable que la introducción de la televisión ya anunciaba cambios en nuestra intimidad, en nuestro descanso, que la sociedad de la información ha traído consigo. Con su anuncio de mero divertimento, la caja tonta forma parte de nuestras vidas, ese voyeur sigiloso que entra en nuestra casa y, sin darnos cuenta, las invade a todos los niveles. Entonces, nadie salvo George Orwell preveía lo que podía venirnos encima. Ahora estamos siendo permanentemente vigilados hasta en el interior de nuestros hogares por objetos que nosotros mismos hemos introducido como son los smartphones y pcs; y de puertas afuera, con las miles de cámaras que esconden los comercios, las maravillosas urbanizaciones, o el transporte público más utilizado como el metro. Sin olvidarnos, además, de las mismísimas calles gracias a Google Street View.

Y hablando del verdadero dictador en toda esta historia, Google, es el custodio de nuestro historial delictivo o no en la red, lo único que se ve hoy día y que se toma por verdad absoluta. Mientras, nuestros datos y comportamiento de navegación son entregados a aquel que ponga la chequera de por medio. Una realidad por todos ya sabida pero que no le resta un ápice de película de terror de primer nivel. Y, digo yo, ¿cuándo dejaremos de justificar a la economía globalizada y los medios de masas por muchos avances que nos hayan traído?

En un mundo en el que, en palabras del sociólogo Armand Mattelart y autor del libro “Mundo vigilado” (Paidós, 2009), “la mayor parte de la humanidad tendrá acceso a la tecnología para tenerla vigilada”, ¡que tiemble WikiLeaks y Julian Assange!

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