13
Jul
2016

La eterna precariedad cultural

Si hace un mes comenzaba en Bilbao la primera huelga sonora y en bloque de los trabajadores del Museo de Bellas Artes (auxiliares de sala, taquilleros, guías y educadores) que hacía que la exposición del año del centro dedicada a la escultura hiperrealista no pudiera ser inaugurada; a día de hoy el Museo sigue cerrado, y ya va un mes, por falta de acuerdo entre la subcontrata Manpower Group Solutions y los trabajadores. En mis ya 10 años dedicada a la gestión cultural, he de decir que nunca había asistido a este golpe sobre la mesa. Un golpe sobre la misma que está siendo contundente y que, habiendo yo misma estado en las circunstancias precarias en las que se encuentran los propios trabajadores del Museo de Bellas Artes de Bilbao, me insufla fuerza de que las cosas puedan cambiar, se puedan pelear y conseguir.

Todavía es muy pronto para cantar victoria, el salario digno parece un mito para las subcontratas, pero el espíritu performático, transformador y creativo de estos trabajadores es digno de ser aplaudido. Y para muestra, algunas de las acciones que han realizado como mostrar su contratos cual obras de arte que nos hablan de la precariedad que más que por la crisis, que sí ha sacudido en nuestro país a otros sectores, siempre ha estado presente en el mundo de la cultura. ¡Eso sí que es un hiperrealismo y no el que nos muestran en las exposiciones! Pero también han desarrollado otras ingeniosas y subversivas acciones como la Noche Negra en sustitución del jolgorio de la Noche Blanca bilbaína; y una que no me pierdo y que en teoría sucederá mañana, la playa en las puertas del mismo Museo, ¿qué va a ser esto señores? ¿Algo así como las eternas negociaciones para formar gobierno como a las que estamos asistiendo? ¡De irse de vacaciones y postergar los problemas, nada de nada!

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Todas estas cuestiones de la precariedad en cultura no son tristemente nada nuevo para los que nos dedicamos a esto. Hace un par de días tuiteaba la noticia publicada en El País sobre la poca empleabilidad en Cultura en España frente al resto de Europa. Se supone que estamos en el séptimo lugar de los veintiocho países con menos trabajadores dedicados al sector cultural y, para más disgusto, ocupando el cuarto lugar con menos porcentaje de mujeres trabajando en el sector, y eso que, se supone que las facultades están llenas de mujeres dedicadas a las artes y a las letras, ¿no? Claro, si es que con estas condiciones, muchos, he de decir que yo estuve a punto, han tenido que optar por desempeñar otras posiciones para subsistir, o mejor dicho, para poder realizar una vida adulta. Muchas estadísticas y mucho dato para una conclusión que es evidente. Se emplea poco en cultura porque en España todavía no se entiende el valor de la misma por parte de las instituciones y, sobre todo, por parte de los órganos de gobierno. Es alarmante pero concluyente las conclusiones del último estudio del CIS que anunciaba que siete de cada diez españoles no pisan “nunca” ni un museo ni una biblioteca. ¿Dónde están entonces? Como versaba un claim de una conocida marca de refrescos: nos vemos en los bares…

Pero que estos datos no llamen al pesimismo. La cosa está mal y todos somos conscientes. Sin embargo, estos pequeños gestos como la huelga del Museo de Bellas Artes de Bilbao, que también ha sucedido aunque en menor medida en Barcelona (en el MACBA, el Palau de la Virreina y el Museu de les Cultures del Món), sigan creando conciencia de qué la cultura y todo lo que la rodea es de todos y juntos debemos cuidarla y preservarla.

Para aquellos gestores culturales desesperados en la búsqueda de empleo, sirva de aliento esta reflexión hecha por la escritora y profesora Remedios zafra en su artículo “El entusiasmo” publicado recientemente en El Estado Mental:

¿No resistirse a ser cosa o silla?, ¿resignarse por agotamiento o complejidad? Quizá la inercia propicie esta deriva, pero la creación que logra libertad en el ejercicio de su pensamiento, no debiera temer empequeñecerse e invisibilizarse a voluntad, no al menos del mundo online. No se trata de un ejercicio retrógrado de desconexión, ni de un fracaso en directo, pero sí de un posicionamiento libre que permita usar frente a un ser usado. Hacerlo frente a lo que poderoso atraviesa mundo y vida, normalizándose y apropiándose no sólo de nuestros tiempos sino de aquello que, apasionadamente, nos arrastra. Porque el entusiasmo en su potencia de arrastre y fuerza creadora siempre nos hizo y nos hace tan poderosos como vulnerables. Y me parece que dicha oscilación se apoya en la posibilidad de tener (o no) control sobre nuestros tiempos.

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