28
Nov
2017

La belleza tecnológica de Daniel Canogar

No es nada nuevo en este blog que admiramos el trabajo del artista Daniel Canogar. Cuando ves una pieza suya lo primero que te atrapa en su estética y siempre te preguntas qué tiene, qué es esa magia que saber hacer con los elementos tecnológicos que da lugar a piezas tremendamente bellas. Así, cuando entré a su recién inaugurada exposición Fluctuaciones en la sala Alcalá 31, no me recibió una pieza grandilocuente sino una pequeña y exquisita pieza elaborada con desechos de cables que se iluminaban sutilmente para dar paso a una obra cuasi orgánica: la obsoleto como fuente primaria de nuevas creaciones.

He de decir que, aunque la exposición me he encantado, no he visto muchos trabajos nuevos en esta muestra en Madrid. Sí obras derivadas de estudios ya iniciados en otras, como las diversas animaciones generativas que recorren las dos plantas del espacio. Desde la enorme Cannula, con su guiño al histórico glitch art o estética del error digital intencionado, que nos muestra los 100 vídeos más vistos de Youtube, hasta otras piezas más recogidas, todas ellas conectadas a internet y arrojando nuevas formas de mostrar la realidad a partir de la enorme cantidad de datos que ofrece la red.

Cannula Daniel Canogar

No podían faltar las pantallas que se encogen y se retuercen de su serie Echo, presentadas ya en su galería Max Estrella a principios de este año. Piezas que nos muestran sus tripas, los cables, a la par que siguen permanentemente cansadas, destinadas a seguir funcionando siendo alteradas por la información que reciben constantemente de internet. Por ejemplo, Gust reacciona a la dirección e intensidad del viento de la ciudad de Madrid produciendo una suerte de pintura abstracta en tiempo real.

Mención aparte merece la sección dedicada a dar nueva vida a objetos tecnológicos considerados como obsoletos. Y decimos obsoletos porque cuando se les extrae del entorno para el que han sido construidos o son sustituidos por una versión mejorada de los mismos, parecen relegados al olvido. Canogar es especialista en rescatarlos, de hecho, parte de su tiempo lo dedica a la búsqueda de estos aparatos o desechos en cementerios tecnológicos. Así recupera desde mandos de antiguas consolas, móviles del pleistoceno hasta antiguos escáneres de impresoras. ¿Cómo darles nueva vida? No se trata de reactivarlos, consiste más bien en devolverles su esencia enfrentándolos a su propia ilusión. Como si los acabásemos de sacar de la tienda, lucen en un aparente funcionamiento mostrándonos, no sin melancolía, lo necesarios que eran antes. ¿Quién no se ha quedado embobado viendo la mítica interfaz de Mario Bros? Quizás aquí la única pega sea que no generan interacción real, de acción, con el espectador.

Objetos Daniel Canogar

Por su protagonismo en la gran nave central de la sala, nos detenemos ahora en la obra Sikka Ingentium. En marzo de este año ya se presentó en el Museo de la Universidad de Navarra esta enorme instalación que recoge 2.400 DVD que el artista ha ido recopilando para crear un mosaico individual abstracto que reflexiona sobre el concepto de biblioteca y la memoria cultural amenazada con desaparecer ante tanto cambio tecnológico.

Daros prisa porque Fluctuaciones estará poco tiempo y sólo podrá visitarse hasta el 28 de enero de 2018. Aquí os dejo el enlace a la entrevista en el blog que le realizamos a Daniel hace dos años y donde hablamos del proceso de creación de sus obras, su perdurabilidad y del arte de nuevos medios en general. Me quedo con esta frase: “Tenemos que pensar en la obra como entes que están vivos, que no hay que guardarlos en el armario e intentar congelarlos en el tiempo, sino que cambian y evolucionan, que nunca van a ser exactamente iguales, al igual que las propias cosas.”

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1 Response

  1. Todos los profesionales del arte y la comunicación debemos reflexionar sobre cómo el público puede sentir y entender estas obras que hablan a a la vez del pasado y del futuro y que aunque utilizan formatos muy conocidos , encierran mensajes en ocasiones complejos. Gracias por tu artículo, un abrazo desde El faro de Hopper

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