13
Abr
2016

Jugando con el desenfoque. Julia Margaret Cameron en la Fundación Mapfre

Que el hecho de que Julia Margaret Cameron fuera aparentemente una aristócrata de vida desahogada no os engañe, su vida y, sobre todo, su obra fotográfica fueron más allá, empezando un día por el año 1863 en que su hija le regaló la que sería su primera cámara de fotos. En tan sólo un mes de experimentación con su nuevo juguete, Cameron realizó su primera instantánea, lo que ella llamaría “su primer logro”. Comenzaba así una fulgurante carrera perpetuada por una mujer fuerte y decidida que le llevaría a exponer en galerías y a recibir diversos méritos. Cambió su modo de vida, la forma de enfrentarse a la realidad que la rodeaba. Decide entonces transformar en su casa de campo el depósito de carbón en cuarto oscuro y el gallinero en estudio. Sus modelos pasan a ser su círculo más cercano, desde amigos a familiares (una de sus fotografías más conocidas retrata a Julia Jackson, su sobrina y que más tarde sería la madre de la famosa escritora Virginia Woolf), pasando por sus propios sirvientes, de quienes se cuenta contrataba por sus facciones y les hacia posar durante largas horas.

Leyendo la biografía de Cameron sorprende su tesón y visión a la hora de exponer y vender su trabajo al South Kensington Museum (hoy el Victoria and Albert Museum). Con su director, Henry Cole, le unía una gran amistad. De hecho, cuando la crítica se cebó con ella, él fue uno de sus ardientes defensores. Tengamos en cuenta que Cole jugó un papel fundamental en la historia de la fotografía, siendo de los primeros abanderados de este medio.

“John Frederick William Herschel”, 1867. © Victoria and Albert Museum, London

“John Frederick William Herschel”, 1867.
© Victoria and Albert Museum, London

¿En qué se basaron los fotógrafos de la época como los miembros de la London Photographic Society para atacar la obra de Cameron? Principalmente en el efecto desenfocado de sus fotos, algo un tanto ridículo ya que se sabía que no se trataba de una falta de oficio por parte de Cameron, sino más bien a un resultado buscado por la artista. Antes estos desairados comentarios, la propia fotógrafa se defendía así: “Es decir, que al enfocar y dar con algo que a mis ojos resultaba bello me conformaba, sin pararme a ajustar la lente en busca de esa nitidez en el enfoque que tanto persiguen los demás fotógrafos”. Esta y más apreciaciones de Cameron pueden leerse en su autobiografía Annals of my glass house, publicada en el año 1874 y que relata su pasión por la instantánea.

Y es que para Cameron, seamos sinceros, la técnica era lo de menos. Sus obras conservan ese aspecto en apariencia descuidado, con presencia de manchas y hasta arañazos. Pero es que, si tenemos en cuenta que ella buscaba ante todo que sus fotografías fueran más allá de una mera copia de la realidad, este resultado está más que justificado. Así, lo estético y lo poético primaban en la realización final. No perdamos de vista que Cameron fue además una de las artistas que peleó por la equiparación de la fotografía a otras disciplinas artísticas como la pintura o la escultura.

Si tuviéramos que definir su trabajo, aquello que por derecho la convierte en uno de los nombres más importantes e innovadores dentro de la fotografía del siglo XIX, nos quedaríamos con su amor por el primer plano, la iluminación intensa y el efecto flou. Para realizar sus conocidas series de retratos, fantasías y madonnas utilizó la técnica del colodión húmedo y ser sirvió de fuentes tomadas de tres de sus pasiones, la literatura, el Renacimiento y la religión (de hecho, era muy devota como era común en la época).

"May day", 1866. © Victoria and Albert Museum, London “May day”, 1866. © Victoria and Albert Museum, London

“May day”, 1866. © Victoria and Albert Museum, London

Estos días y hasta el 15 de mayo podéis disfrutar de sus obras en la exposición que la Fundación Mapfre de Madrid le dedica, una muestra organizada en colaboración con el Victorian Albert Museum para celebrar el bicentenario del nacimiento de Cameron y del 150 aniversario de su primera exposición. Una oportunidad también para deleitarse con obras de fotógrafos contemporáneos a la artista, con nombres como Francis Frith o Charles Lutwidge Dodgson, más conocido como Lewis Carroll, el autor de Alicia en el país de las maravillas.

Quizá te interese también

La figura de la mujer artista en la prensa
La trampa que esconde la imagen. Cuestiones sobre la fotografía actual. Joan Fontcuberta
Allí donde el tiempo se para y la realidad se vuelve engañosa. Gonzalo Lebrija en La Casa Encendida
El ojo humano de Paul Strand

Deja un comentario.