30
Mar
2016

Experimentando la realidad virtual

Comienzo este post con una afirmación, la realidad virtual como vox populi, como aquello de lo que todos hemos oído hablar y que los grandes estudios auguran como la tecnología que formará sin duda parte de nuestro día a día. Una aseveración que he hecho muy rápidamente, que no a la ligera, como podrá comprobar a posteriori el lector, teniendo en cuenta que una inmensa mayoría de personas todavía no la han experimentado. Pues bien, cual profecía que anuncia que debemos irnos acostumbrado a este avance de la técnica, la mía ya se ha cumplido y he podido conocer de primera mano aquello que este juguete vaticina, digamos una versión supervitaminada de la realidad. La ocasión, la visita para bloggers, youtubers y viners al nuevo Espacio Realidad Virtual ideado por el Espacio Fundación Telefónica, que mañana abre al público, previa cita, y donde se podrá experimentar de primera mano esta nueva forma de vivir la realidad.

Sobre decir aquí, que no hablamos de realidad aumentada, que consiste en añadir a nuestra visión cercana un plus de ingenio gracias a un dispositivo móvil, llámase éste smartphone o tablet. Un ejemplo aplicado al mundo del arte de renombrado calado es la app del Cleveland Museum of Art Art Lens, o La Lupa del proyecto de investigación en museos digitales europeo meSch. No, hablamos de realidad virtual. Esa cosa tan estrambótica que hace que Mark Zuckerberg pase desapercibido en su presentación a los medios.

Para aquellos que gusten de definiciones, y dicho por el saber colectivo wikipediano, “es un entorno de escenas u objetos de apariencia real, generado mediante tecnología informática, que crea en el usuario la sensación de estar inmerso en él”. O, de manera más somera, podría ser perfectamente un viaje a lugares soñados, espacios por descubrir.

Cardboard

Si bien ahora vamos, nada más y nada menos, por la tercera oleada de la realidad virtual, el cuento empezó de otra forma. Las primeras versiones era muy costosas y todavía no nos hacían creer demasiado en el proyecto, era poco efectista al parecer. Sin embargo, creo que uno de los hitos que ha supuesto un cambio es la accesibilidad de las gafas lanzadas por google, unas gafas de apariencia rudimentaria, en cartón, que hay que complementar con la app Google Cardboard que podemos instalar en nuestro móvil, disponible tanto para Android como para IOS. Dicen los expertos que esto mejora sensiblemente la experiencia pero que el resultado no acaba siendo todo lo esperado. Entran en juego aquí las Gafas Samsung Gear VR, de mayor calidad, menos desenfoque, con un menú que el usuario puede activar manualmente, etc. Y qué mejor que hacer uso de esta tecnología puntera acompañados por los guantes Glove One. Así, sí. Gracias a este binomio se consigue generar una experiencia lo más multisensorial y envolvente posible. Algo que en el campo de los videojuegos ya se ha aplicado pero que con la próxima salida de Play Station VR en octubre de este año, parece decir algo así como “Temblad. el avance era yo”. Un carro, el de la realidad virtual, al que plataformas como Youtube y Flickr se han querido sumar ofreciendo a sus usuarios poder crear vivencias en RV.

Pero, ¿cómo se está aplicando al patrimonio artístico? ¿Y a los museos?

Me parece sintomático que, en octubre del año pasado, el propio Ministerio de Educación, Cultura y Deporte convocase el curso “Realidad aumentada y virtual en el Patrimonio Cultural en España. ¿Una realidad en los museos?”. Un encuentro que reunió a diversos especialistas de instituciones nacionales para reflexionar en torno a sus experiencias, muchas de ellas, basadas en realidad aumentada pero teniendo en el tintero esas otras posibilidades que nos ofrece la experiencia virtual.

Explorando casos concretos donde sí se haya hecho uso total de la RV en el campo artístico, me he topado con iniciativas como #NewPalmira, un bello proyecto que busca documentar y preservar a través de las nuevas tecnologías el gran patrimonio que ha sido destruido por los yihadistas del Estado Islámico.

Por otro lado, de naturaleza imaginaria, nos encontramos un museo que alberga miles de obras de todos los tiempos, El Museo Imaginario. Pasad y echad un vistazo:

¿Y si en vez de poder visitar un museo de manera virtual, nos adentrásemos en los propios cuadros? No caigamos en la trampa museos, la realidad virtual nunca sustituirá a la visita física. La no escapatoria es tener la mente cerrada a la gran capacidad que ésta supone para acercarnos a nuevos públicos.

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