15
Sep
2017

Cristina Lucas en Alcalá 31

“Manchas en el silencio”, que hasta el 5 de noviembre puede verse en la sala Alcalá 31 de Madrid, es una de esas exposiciones que resulta dura de ver por la realidad que muestra. En este proyecto, como yo lo calificaría más bien, la artista Cristina Lucas traza una historia partiendo de la conquista del ser humano por volar. Un avance científico y tecnológico que, además de traer una gran mejora en las comunicaciones y experiencias, también trajo consigo el ansia de la sociedad por imponer su poder mediante la guerra. Y es que, parece que siempre que pensamos en un bombardeo civil, se nos viene a la cabeza el enorme lienzo de Guernica pintado por Picasso. Sin embargo, y como nos explicaba la propia Lucas durante la visita para blogueros que nos realizó, su trabajo quiere mostrar que ha habido muchos Guernicas. ¿Y cómo lo hace? En vez de mostrar imágenes cruentas de época, se ha servido de la visualización de datos. Datos que ha ido recopilando en archivos para componer un enorme cronograma que se exhibe en forma de audiovisual en el centro de la preciosa sala de Alcalá 31. Allí, con un montaje que asciende a 5 horas, se nos va mostrando en el mapa dónde sucedieron ataques aéreos contra población civil, quién los perpetró y cuándo. Cuando uno tras otro, vamos tomando conciencia en el espacio y el tiempo de la magnitud de los hechos, aquellas ansias por volar se nos tornan en un arma silenciosa de matar, que dispara la bala pero luego esconde la mano y no ve el resultado dramático de sus acciones.

Alrededor de este cine del horror improvisado, la artista ha dispuesto en vitrinas mapas bordados, aquellos correspondientes a los países más bombardeados de la historia. Afganistán, Corea, Japón y Vietnam son sólo algunos de ellos.

Cristina Lucas Manchas en el silencio

Aquí llega la crítica a esta exposición. Si bien es cierto que la escenografía fría en la que se muestra está pensada así a propósito, se echa de menos un acabado más plástico, formalmente más conseguido, de todo el proyecto. Por ejemplo, los mapas bordados hubieran adquirido otra dimensión más desgarradora si hubieran sido hechos a mano por la artista. Los relojes que coronan la parte de la galería superior de la sala, se quedan vacíos, sus horas no nos pesan, no sentimos el bombardeo ni nos imaginamos a las miles de personas inocentes que murieron por culpa de estos asesinatos en masa. Quizás, precisamente, en esa carencia de humanidad grabada en la historia, también adolece este proyecto de Lucas. Un trabajo que me hubiera gustado ver en la Bienal de Venecia, donde concursó para formar parte, para comprobar cuáles hubieran sido las impresiones de los visitantes.

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